Cementerio de Carcabuey, 11
de julio de 2012
Rafael Osuna Luque
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Dentro de unos días se cumple el 80
aniversario del primer entierro civil en Carcabuey. Sucedió el 20 de agosto de
1932 y la prensa de la época dijo que fue un acontecimiento sorprendente y que
el difunto tuvo un acompañamiento masivo. Los enterramientos civiles siempre
fueron acontecimientos excepcionales. A finales del siglo XIX, quienes elegían
este tipo de entierros, generalmente, pertenecían a las clases medias y tenían
profesiones liberales. La gente humilde se enterró civilmente más tarde, cuando
se hicieron republicanos, socialistas, comunistas o anarquistas y quisieron ser
coherentes y consecuentes con las diferentes ideologías obreras. El caso que
refiero es un ejemplo de ello, pues sabemos que el cortejo fúnebre estuvo
acompañado por una bandera socialista.
Es seguro que Fernando Chumillas no
sabía nada sobre este aniversario ni sobre este obrero socialista, sin embargo,
él también ha querido ser coherente y consecuente con sus ideas.
Todas las personas tenemos derecho a
decidir sobre nuestros actos, somos libres de vivir según nuestra voluntad y
también de enterrarnos como queramos. Estamos aquí porque ésta ha sido la
decisión de Fernando y su voluntad merece nuestro respeto.
Les ruego que guarden un riguroso
silencio y que sean respetuosos con la última voluntad de Fernando Chumillas
Luque.
Yo no era ni su mejor amigo ni quien
más lo conocía. Me consta que algunos de los presentes habéis compartido con él
vivencias y momentos que os permitirían hablar de él con más fundamento y
conocimiento. Pero es cierto que le tenía un gran aprecio y afecto y, quizás
por ello, su familia me ha pedido que intervenga en este emotivo acto. Y aquí
estoy.
Es un momento difícil. Lo es para mí
y lo es para todos. Pero, sobre todo, es un momento de dolor sin consuelo para
su esposa, para su hija, para su hijo y para toda su familia. Y en una situación
así resulta imposible encontrar las palabras adecuadas para calmar tanto dolor.
Creo que posiblemente no las
hay. Ni en la escuela ni en la vida nos
enseñan a aceptar la muerte. Se nos
prepara para vivir, pero no para morir. Y por eso, cuando perdemos a un
familiar o a un amigo, no encontramos palabras que sirvan para el desahogo ni
el alivio.
Es triste pensar que ya no volveremos
a ver a Fernando, que no escucharemos sus palabras… Y es lógico sentir una gran
pesadumbre y un gran abatimiento.
Yo no tengo explicación para muchas
de las cosas que suceden en esta vida, pero creo que debemos aceptar que vivir
es saber afrontar los problemas. Y en un momento como este, debemos pensar que
Fernando también tuvo momentos muy difíciles en su vida (todos lo sabemos) y,
sin embargo, siguió luchando y siguió viviendo.
Querida familia de Fernando: debéis
seguir adelante y también todos debemos hacerlo. Eso es lo que él nos habría
dicho, eso es lo que él habría hecho. Y hemos de buscar el consuelo en su
recuerdo.
No solo porque fue una persona
merecedora de nuestro cariño y aprecio. No solo porque en su ejemplo de vida
podemos encontrar enseñanzas válidas para nuestra propia vida. Sino porque mientras su recuerdo persista en
nuestras mentes y en nuestros corazones, seguiremos creyendo que no ha muerto
del todo, pues nadie muere del todo si hay alguien que lo recuerda.
Fernando nació en el año 1934 y no
tuvo una vida fácil. Supo lo que era el
hambre y tuvo que ir al servicio militar para tener sus primeros zapatos. Vivió en una covacha apuntalada bajo la
calzada de la calle San Isidro y fue emigrante en Alemania por pura necesidad.
Nada le dieron y todo lo consiguió con esfuerzo.
Las circunstancias le hicieron tener
unas ideas claras y sencillas: defendía el trabajo para todos, defendía la
libertad para expresar lo que cada uno quisiera y defendía la igualdad para que
no hubiera diferencias entre unos y otros. Fernando Chumillas era comunista y,
además, estaba orgulloso de serlo.
Durante algún tiempo fue concejal en
el ayuntamiento y siempre antepuso los intereses ajenos a los propios. Lo
importante para él no era tener ni poseer, sino alcanzar cotas elevadas de
dignidad y coherencia. Y en ese logro, hay que decir que pocos lo han superado.
Por todo ello merecerá siempre nuestro respeto y nuestro reconocimiento.
Su muerte ha sido una pérdida que
todos lamentamos y a todos nos apena.
Hoy, por tanto, despedimos a un
hombre que deja un vacío importante entre su familia y entre sus amigos. Pero
también perdemos a un buen ciudadano, a un hombre que hablaba con aplomo y que
llamaba a las cosas por su nombre, como suelen hacer las personas que nada
ocultan ni nada tienen que temer.
Hoy decimos adiós a un hombre que no
olvidaremos y que siempre tendremos en nuestro recuerdo… Hoy Carcabuey ha
perdido a un hombre honrado, trabajador, luchador y valiente… Por todo ello, hoy es un día
triste para todos.
Nuestro más sentido pésame para su familia. Descanse
en paz.